Audioguías / Español

  • I – Plaza de Armas – mirador

    Bienvenido al Castillo de San Jorge, soldado!
    Orientación: Entre en el Castillo y siga recto
    Ubicación: En la Plaza de Armas, acérquese al mirador con el río y el puente frente a usted

    Lisboa es una ciudad cuya fundación se remonta al menos al siglo VII a.C., la Primera Edad del Hierro, una época caracterizada por la expansión comercial y cierta colonización fenicia del litoral del mar Mediterráneo. Fenicia estaba formada por varias ciudades-estado en la zona del actual Líbano, el sur de Siria y el norte de Israel. Los fenicios se dedicaron a explorar las rutas comerciales del Mediterráneo. Cartago, en la actual Túnez, era la más importante de estas ciudades, pero los fenicios también fundaron colonias en la Península Ibérica como Málaka (Málaga), Gadir (Cádiz) y la ciudad de Olisipo, primer nombre probado de la ciudad de Lisboa.
    Con la caída de la ciudad de Tiro (la principal ciudad fenicia) y la entrada en la esfera de influencia cartaginesa, Olisipo se convirtió en objetivo de una nueva y rival potencia emergente, Roma.
    En el año 138 a.C., Roma envió al cónsul Decimus Iunius Brutus con un ejército a lo que hoy es territorio portugués. Parece que Olisipo no fue ocupada por la fuerza, convirtiéndose en una ciudad aliada.
    Con el tiempo, la Olisipo de época republicana se convirtió en la Felicitas Iulia Olisipo de época imperial, uno de los principales puertos de la Península Ibérica, y se construyó la primera muralla conocida, aunque no de carácter militar y sólo para delimitar el espacio de la ciudad.
    Con el fin de la centralización del poder de Roma, la ciudad entró en un periodo de inestabilidad política y social y fue ocupada en 468 o 469 por los suevos, pero finalmente volvió a pasar a manos de los visigodos rivales en 469. La ciudad vivió un periodo de decadencia durante la ocupación visigoda hasta la llegada de los ejércitos musulmanes del califato omeya.

  • II – Plaza de Armas – Junto al cañón

    Orientación: Camine por la muralla de la izquierda, siga hacia el cañón y mire hacia el otro lado del río.
    Ubicación: Junto al cañón

    Llegado a la Península Ibérica en 711, el ejército musulmán comandado por Tariq ibn Ziyad derroto fácilmente a las tropas visigodas en la Batalla de Guadalete. Esta victoria iniciaría un rápido proceso de ocupación del territorio, poniendo fin al reino visigodo. Con su ocupación en 714, la Olisipona visigoda se convirtió en la Al-Ushbuna islámica.
    En los siglos siguientes, bajo el dominio musulmán, la ciudad experimentó un proceso de crecimiento y desarrollo, convirtiéndose en una de las principales ciudades de la región. Según las fuentes, la antigua muralla romana fue renovada en 985 por al-Mansur para proteger la ciudad, especialmente de las incursiones vikingas. Sí, ha oído bien, ¡los vikingos llegaron hasta aquí!
    Fue durante este periodo cuando la ciudad adoptó la organización de una ciudad típica de Al-Ándalus, dividida en la Alcazaba (Kasbah), espacio fortificado donde nos encontramos y donde vivían las élites, y la Medina, la ciudad.
    A partir del siglo XI, el norte cristiano, concentrado en el reino de Asturias, avanzó sobre el sur musulmán. Es en este contexto en el que aparece la figura de Alfonso Henriques, representado en la estatua que tiene detrás.

  • III – Plaza de Armas – estatua de Alfonso Henriques

    Ubicación: En la Plaza de Armas, gire hacia la estatua de Alfonso Henriques

    Alfonso Henriques era hijo del conde Enrique de Burgundia y de doña Teresa, hija ilegítima de Alfonso VI, rey de León y Castilla. El padre de Alfonso Henriques vino a la Península Ibérica para luchar en la “Reconquista Peninsular”, proceso en el que los cristianos intentaron recuperar territorios de los musulmanes. Tras casarse con Doña Teresa, Enrique recibió el título de Conde de Portucale. El Condado Portucalense era un territorio situado en el noroeste de la Península Ibérica, correspondiente aproximadamente al norte de Portugal, por encima de la ciudad de Coimbra. En este contexto nació Alfonso Henriques, aunque no se conoce con certeza ni la fecha ni el lugar de su nacimiento, pero se estima que fue entre 1107 y 1109 y, muy probablemente, en el Condado Portucalense.
    Con la muerte de Enrique, Doña Teresa asumió el gobierno del Condado hasta la Batalla de San Mamede en 1128, donde fue derrotada por su hijo y algunos nobles del Condado.
    Los historiadores señalan tres posibles fechas de la independencia de Portugal:
    1139 – Batalla de Ourique, en la que, según la leyenda, Alfonso Henriques derrota a 5 reyes moros, más bien una escaramuza entre pequeños grupos de caballeros. Tras la Batalla, fue aclamado por los soldados como Rex (rey en latín) y pasó a firmar documentos con este título.
    Claro que para un castellano una firma así no tendría ningún valor.
    1143 – El 5 de octubre de este año, Alfonso VII, rey de León, y su primo Alfonso Henriques se reúnen en Zamora. El resultado fue un acuerdo por el que se declaraba la paz y se ponía fin a los conflictos entre ambos territorios. Alfonso VII reconoce y concede el título de Rex Portucalensis a Alfonso Henriques.
    Claro que eso tampoco significaría nada para un franco.
    1179 – Bula Manifestis Probatum, firmada el 23 de mayo por el papa Alejandro III, por la que se reconoce a Alfonso Henriques como rey y, a Portugal, como reino cristiano independiente.
    A partir de ese momento, la independencia de Portugal ya no pudo ser puesta en cuestión por ningún castellano o franco.

    En aquella época, Coimbra era la ciudad más importante del reino y era el lugar donde se planeaban los ataques y donde se reunían los ejércitos. Una de estas ofensivas tuvo como resultado la conquista de Santarém y Lisboa a los musulmanes.
    No fue hasta más tarde, en 1255, durante el reinado de Alfonso III, cuando Lisboa se convirtió en la cabeza del Reino y el monarca se trasladó al Palacio de la Alcazaba (Paço da Alcáçova), nuestra siguiente parada.

  • IV – Jardín Romántico – cerca de los aljibes

    Orientación: suba las escaleras hacia el jardín
    Ubicación: parada, en el jardín, cerca de los aljibes

    Tras la conquista del Algarve en 1249, Alfonso III se dio cuenta de que necesitaba una nueva residencia para gobernar todo el reino. Lisboa fue su primera elección por varias razones: era la ciudad más grande del territorio y una de las mayores de la Península Ibérica; geograficamente, estaba cerca del centro, era una ciudad próspera y tenía al sur el imponente estuario del río Tajo, cuyo puerto era esencial tanto para el comercio como para fines militares.
    El monarca necesitaba una residencia oficial y permanente, y el Palacio de la Alcazaba fue el elegido. La documentación nos dice que durante este periodo se realizaron diversas obras.
    ¿Ahora usted pregunta dónde está este palacio? Precisamente donde está usted. Alucinante, ¿verdad? En realidad, lo que está viendo son sólo las ruinas de este antiguo palacio, destruido, como gran parte de la ciudad de Lisboa, por un gigantesco terremoto en la mañana del 1 de noviembre de 1755.
    También se cree que este mismo espacio, durante el periodo islámico, fue la residencia del Alcalde, gobernador de la ciudad, hasta la conquista de Lisboa en 1147. Y, tras la conquista, la de los gobernadores cristianos desde entonces hasta el establecimiento de Lisboa como cabeza del reino en 1255. En el siglo XIII se construyó un nuevo palacio, el Palacio de la Alcazaba, que fue la residencia oficial de los monarcas portugueses hasta el final del siglo XVI. Sin embargo, en 1505, el rey Manuel I se trasladó al recién construido Palacio de la Ribera (Paço da Ribeira). Aún así, el Palacio de la Alcazaba mantuvo su estatus de residencia real, recibiendo diversas mejoras a lo largo del siglo XVI.
    En 1578, la trágica muerte del rey Sebastián en el campo de batalla dejó vacío el trono portugués. Se creó una crisis sucesoria y se abrió el camino para que el rey Felipe II de España reclamara la corona portuguesa. Portugal y España quedaron bajo el dominio de este monarca, un momento de la historia conocido como la Unión Ibérica. Durante esta época, entre 1580 y 1640, se realizaron obras en el recinto del Castillo de San Jorge, incluido el Palacio Real de la Alcazaba, que acabó transformándose en prisión y cuartel, funciones que mantuvo hasta el siglo XX.
    En la década de 1930, el Estado Novo, el régimen político dictatorial, inició obras de reconstrución y restauración de varios sitios históricos portugueses, a través de la Dirección General de Edificios y Monumentos Nacionales, más conocida como DGEMN. Uno de los monumentos afectados fue el Castillo de San Jorge, ya que la fortificación medieval estaba oculta entre los muros de los cuarteles allí construidos. En 1938, la DGEMN inició una serie de intervenciones, que incluían la demolición de construcciones recientes y la expropiación de terrenos, con el fin de redescubrir el castillo medieval oculto de Lisboa. Con estas obras, restauraron su fisonomía medieval y lo devolvieron al paisaje lisboeta, borrando las huellas anteriores del cuartel.

  • V – Ruinas de la Capilla – ábside

    Orientación: camine hacia las ruinas de la Capilla
    Ubicación: parada en el ábside de la Capilla

    Existen documentos que hacen referencia a la existencia de una Capilla dedicada a San Miguel en el Palacio Real de la Alcazaba desde 1299, durante el reinado del rey Dinis. Este monarca se encargó de la permanencia de un capellán perpetuo con la obligación de celebrar misa diariamente, incluso cuando los reyes estaban ausentes. En esta capilla real, en 1502, con motivo del bautismo del futuro rey Juan III, se representó la primera obra del dramaturgo Gil Vicente, llamada Auto da Visitação o Monólogo do Vaqueiro. Hoy sólo quedan algunos vestigios de los cimientos del ábside y de la nave del templo. Pero en el siglo XVI, según las descripciones de la época, era un espacio “de buen tamaño” con una suntuosa decoración, que incluía una serie de tapices que decoraban las paredes del edificio. Uno de ellos representaba al rey Manuel I en consejo. También había un cuadro de San Miguel Arcángel expulsando a Lucifer descrito como “obra maestra” por el cardenal Giovanni Battista Venturini, secretario del representante del Papa, que visitó el Palacio en 1571.

  • VI – Museo – entrada

    Orientación: diríjase a la entrada del museo
    Ubicación: parada frente a la entrada del Museo

    No podrá ver la grandiosidad de los interiores del Palacio, pero confíe en las palabras del cardenal Venturini e imagine un gran edificio de al menos dos plantas, con varias cámaras, antecámaras, habitaciones, escaleras y balcones. Desde el exterior, este palacio de piedra no tenía “ninguna forma arquitectónica” a los ojos de este cardenal, y por dentro era “más cómodo que llamativo”. Aun así, había tapices de Flandes decorando los interiores, así como telas bordadas en oro, muebles exóticos, piezas de oro y plata, paredes forradas de telas y techos pintados.
    Al final de la visita, le sugerimos que entre en el Museo, descubra la colección que incluye piezas recogidas durante diversas campañas arqueológicas, y observe la representación de Lisboa y del Palacio Real de la Alcazaba en la reproducción de la Vista Panorámica de Lisboa, del siglo XVI, expuesta en la Sala Ogival, una de las estancias que formaban parte de la residencia real.
    Bueno, ya hemos hablado de varios temas, veamos finalmente a lo que ha venido, el Castillo. Ahora hablemos de decapitaciones, puntas de flecha, muerte en general y conquistaremos el castillo.

  • VII – Castillo – puente de piedra

    Orientación: camine hacia el Castillo
    Ubicación: pare frente al puente de piedra

    Por fin tenemos nuestro objetivo ante nosotros. Vistámonos de soldados e intentemos conquistar el Castillo de San Jorge.
    Pero antes es importante conocer algunos datos sobre este castillo. ¿Cuándo se construyó? Bueno, eso es difícil de responder. Parece ser que la primera fortificación se erigió en el siglo XI, durante el periodo de ocupación musulmana. Sin embargo, el castillo que vemos hoy es el resultado de diversas intervenciones a lo largo del tiempo. La configuración actual se aproxima a la de un castillo gótico, probablemente resultado de las obras realizadas por los reyes Alfonso III y Dinis en los siglos XIII y XIV. Nuestro castillo presenta características de las fortificaciones de este periodo, como la forma cuadrada, la muralla flanqueada por varias torres (en este caso, 11 torres), los amplios caminos, las dos plazas de armas en el interior del castillo o la barbacana con foso. Volveremos sobre todos estos elementos durante nuestra visita.
    ¡Ya tenemos todo lo que necesitamos! ¡A conquistar el castillo!
    Lo primero que os pido es que ignoráis el puente de piedra y ese agujero en la muralla. Muchos otros castillos tenían entradas colosales. En algunas de estas entradas hay columnas de mármol, pinturas en las paredes, estatuas o nichos.
    El Castillo de San Jorge funciona de otra manera. No vamos a ver las magníficas entradas de los castillos del Valle del Loire, ni los gigantescos salones de los castillos alemanes. El castillo que vamos a visitar era sólo una estructura defensiva, nunca había sido la residencia de nadie. Sin embargo, es posible que existiera un espacio de trabajo para el gobernador, del mismo modo que la torre situada frente a él funcionó como Archivo Real durante la Edad Media, la llamada Torre do Tombo. El Castillo de San Jorge nunca tuvo una función palaciega y sólo era ocupado en caso de peligro inminente. Por eso no hay que preocuparse por una entrada llamativa y fácil de localizar. Al contrario, en el Castillo de San Jorge, la entrada está escondida y es discreta.
    Nótese que nuestra posición actual no es la mejor. Nos enfrentamos a tres torres, la muralla principal, la muralla baja, también llamada barbacana, y a lo largo de ella podemos ver una serie de aspilleras. Hay cuatro niveles a través de los cuales los arqueros y ballesteros podrían apuntar a nuestros compañeros y a nosotros mismos.
    Os pido que miren a vuestra izquierda y a vuestra derecha y, sin pensarlo mucho, elijan un camino.
    El camino de la izquierda, para los que están frente al castillo, ofrece una gran ventaja posicional a los que atacan. Se puede ver que el camino se eleva ligeramente. Desde un punto de vista estratégico, una posición más elevada siempre da ventaja a los que están allí. Si tomamos el camino de la derecha, podemos ver que el descenso es pronunciado y que nos iremos posicionando cada vez más abajo en relación con las murallas y las torres.
    Afortunadamente, cualquier libro de táctica militar contempla la existencia de tal elección. Cuando no hay una elección obvia entre dos caminos, nunca debemos enviar a todos en una dirección u otra. En otras palabras, lo que han oído: “divide y vencerás”. El principal propósito de no tener una entrada fácilmente identificable es hacer que los que atacan tengan que dividir sus números. Imaginen que tenemos con nosotros un ejército de 10.000 soldados, un buen ejército en aquella época. Aquí 5.000 irían a la izquierda y los 5.000 restantes a la derecha.
    El camino de la izquierda, a pesar de la ventaja de la posición, nos llevaría por una ladera, y no había ninguna posibilidad de encontrar la entrada del castillo de esa manera.
    ¿Qué posibilidades tenemos?
    Podemos intentar escalar los muros; podemos pasar por debajo haciendo un túnel; podemos intentar destruir la muralla o, lo que quizá nos resulta más atractivo hoy en día, podemos buscar una forma de entrar. Y empezar con cuerdas y escaleras. En las películas esto funciona increíblemente bien. Los ganchos siempre encajan a la primera y los atacantes suben las escaleras como si nada, ignorando a los defensores o el peso de la armadura y las armas que llevan.
    Este método no siempre funciona. Por un lado, una cuerda nunca es fácil de escalar, especialmente con el peso extra que llevamos, y por otro, el defensor puede repeler fácilmente el ataque. Ya sea con flechas y virotes de ballesta, piedras arrojadas, o simplemente cortando cuerdas o quemando escaleras. Nuestra mejor posibilidad, si intentáramos escalar los muros, sería pillar a los soldados desprevenidos. Como sabemos, nuestras posibilidades de coger a los defensores por sorpresa eran escasas.
    Intentar abrir túneles era otra opción, pero se tardaba mucho en abrirlos y siempre existía el riesgo de que alguien hiciera lo mismo, pero desde dentro hacia fuera, o de que el túnel se derrumbara. Para empeorar las cosas, la muralla baja tiene una rampa en su base, llamada talud, que hace que los cimientos de la barbacana sean aún más anchos y resistentes.
    Para colmo, delante de la muralla hay un foso. Lo que estamos acostumbrados a ver son castillos con fosos llenos de agua. En la imaginación de la gente hay cocodrilos nadando en el foso, listos para comerse a cualquiera que se acerque al agua. El Castillo de San Jorge tiene un foso, pero el propósito para el que fue excavado puede sorprender a mucha gente.
    Sabiendo que nuestro camino hacia la entrada está a la derecha, tomen estos pocos minutos para pensar en lo que podría estar esperándonos en el foso.

  • VIII – Castillo – puente de hierro

    Orientación: camine por la derecha y rodee el castillo
    Ubicación: pare frente al puente de hierro

    Fíjense bien en la torre de la izquierda, será nuestro objetivo de hoy. Parece que pudo ser la torre del homenaje del Castillo de San Jorge. Esta torre podría haber sido el último bastión de defensa, y donde se encontraría el estandarte, la bandera u otro símbolo de autoridad. Para capturar oficialmente la fortaleza y, en última instancia, toda la ciudad, tendríamos que llegar arriba, arriar la bandera e izar finalmente la nuestra.
    La entrada del castillo estaba frente a nosotros. En la Edad Media habría un puente levadizo que, en tiempos de guerra, podía levantarse, impidiendo el paso.
    Volviendo al foso, ¿tenéis alguna idea de cómo sería?
    Los fosos con agua son más comunes en zonas con mucha lluvia y/o zonas bajas con cursos de agua cercanos. Aquí no cumplimos ninguna de estas condiciones. Proponemos un ejercicio de imaginación: frente a nosotros, en lugar de un foso con agua, estaría el lugar donde se depositaban todos los desechos de los defensores del castillo. El olor, el asco y, sobre todo, el riesgo de propagación de enfermedades era elevado.
    Ya hemos intentado pasar por encima y por debajo de la muralla, así que sólo nos queda intentar destruir parte de ella o forzar la apertura de las puertas. El arma más utilizada en la época medieval para agujerear muros o puertas era el ariete. Hoy en día, la policía utiliza la misma arma. En aquella época, el ariete era un tronco de madera, afilado en un extremo o con la cabeza de un animal, normalmente un carnero (aries en latín, de ahí su nombre), de bronce o hierro, que los soldados balanceaban hacia delante y hacia atrás para destruir el punto de impacto por repetición.
    Por desgracia para nosotros, este castillo fue diseñado para impedir que el ariete se utilizara con eficacia.
    La existencia de un foso hacía imposible acercarse a la puerta.
    Podríamos intentar utilizar el ariete para llegar al mismo nivel que la barbacana, pero la existencia del foso nos impide una vez más acercarnos. Utilizando una torre de madera móvil, llamada torre de asalto, sería prácticamente imposible acercarla suficientemente cerca a la muralla para permitir el paso de los soldados.
    Los fosos no se cavaban para ahogar a los soldados, pero podían hacerlo. Su función principal era dificultar al máximo que los atacantes se acercaran a las armas de asedio.
    Otras armas de asedio que podrían utilizarse son las catapultas y los fundíbulos. En las películas, estas armas siempre dan en el blanco y lo destruyen como si fuera de cartón.
    En realidad, las catapultas y los fundíbulos eran muy difíciles de utilizar.
    Cuando se utiliza una catapulta, hay que tener en cuenta la distancia entre nuestra posición y el objetivo. El tamaño del proyectil, su peso, su forma, la dirección y la velocidad del viento, la humedad del aire, el material del que están hechas las cuerdas y la tensión que se les da dificultan la puntería con este tipo de arma.
    Sin embargo, utilizar piedras contra este muro era un enorme derroche de recursos. En algunos casos se utilizaron catapultas y fundíbulos para disparar otras cosas. Los cuerpos, enteros o despedazados, sanos o en descomposición, eran auténtica munición. El objetivo no era sólo destruir muros o matar a alguien, las catapultas y los fundíbulos eran también armas de guerra psicológica y biológica.
    Si nos pusiéramos en el papel de alguien que defiende el castillo y nos viéramos en esta situación, nuestra moral se resentiría invariablemente. El objetivo de esta guerra psicológica es conseguir que algunos de los defensores se rindan. Es muy difícil que alguien, bombardeado durante horas, días o a veces incluso semanas, no considere la posibilidad de rendirse, aunque sea momentáneamente.

  • IX – Castillo – banco de entrada

    Orientación: suba las escaleras del puente de hierro y deténgase arriba
    Ubicación: asiento de la entrada

    Por fin en el interior del castillo, podemos ver que esta entrada no es un espacio acogedor ni bello. A pesar de la falta de decoración, su diseño es brillante desde el punto de vista defensivo. Nada más cruzar la puerta, nos enfrentamos a la muralla principal del castillo. Después de todo, aún no hemos entrado. Tenemos que seguir buscando la entrada del castillo.
    Estamos en un espacio muy estrecho y esta falta de espacio es aún más notable si hablamos de grandes grupos de personas. La entrada está diseñada para obligar al atacante a tomar una decisión, preferiblemente la incorrecta. A primera vista, una vez más tendríamos que elegir al 50% entre el camino de la izquierda y el de la derecha. Se podría pensar que, al ser de los primeros en entrar, tendríamos la ventaja de disponer de algo de tiempo para pensar qué camino tomar, pero no. No sólo los arqueros enemigos apostados en lo alto de las torres y la muralla principal tenían la posibilidad de dispararnos directamente, sino que nuestros propios compañeros representaban un peligro real. Si el soldado de delante se quedaba quieto demasiado tiempo intentando averiguar cuál era el mejor curso de acción, nosotros intentaríamos precipitar la decisión.
    Volviendo a nuestra elección, por favor, miren a vuestra izquierda y a vuestra derecha. ¿Hay algún camino que os parezca más fácil de seguir y por el que podamos avanzar? Una vez más, no es una decisión obvia.
    Notarán que el camino de la izquierda es más corto y se va estrechando a medida que se avanza. Si, por un lado, tenemos que andar menos hasta llegar al final del mismo, por otro, se reduce el número de soldados que pueden acompañarnos. En el lado derecho ocurre lo contrario, no sólo se ve que es más largo, sino que también se ensancha a medida que se avanza. Podemos llevar más soldados y, al haber más espacio, hay más posibilidades de que la entrada esté en algún lugar del muro de este lado. Sin más información, estaríamos tentados de tomar el camino de la derecha, pero hay más factores a considerar.
    La mayoría de la población mundial es diestra y utiliza mayoritariamente la mano derecha. La posibilidad de que hubiera un zurdo en un ejército cristiano en la época medieval era muy escasa. Teniendo esto en cuenta, se diseñaron muchas trampas y posiciones ventajosas para quitar cualquier ventaja a los que empuñaban la espada con la mano derecha.
    Partiendo de esta base, supongamos que los 5.000 soldados que cruzaron el puente con nosotros son diestros y utilizan el arma en la mano derecha y el escudo en el mano izquierda. Si tomamos el camino de la derecha, podemos levantar el escudo para protegernos la cabeza de casi cualquier cosa que nos lancen. Si, por el contrario, tomamos el camino de la izquierda, nuestro flanco derecho queda completamente expuesto, ya que nuestra arma puede ofrecer poca protección.
    En resumen, el lado derecho tiene una clara ventaja, pero si tenemos en cuenta el principio seguido anteriormente, deberíamos dividir el grupo. Dentro de la división, yo elegiría ir en el grupo de la izquierda.
    Los que optaron por tomar la ruta más lógica y se dirigieron a la derecha pronto descubrirían que se trataba de un callejón sin salida. Y podrían dar por terminado el día.
    Imaginamos que todos los defensores podrían verter grandes calderos de agua o aceite hirviendo sobre las cabezas de los de abajo, desesperados por no poder avanzar o retirarse. El castillo no tiene mucha agua y el aceite de oliva era demasiado caro para desperdiciarlo de esta manera. En algunos casos, se utilizaba otra cosa. Algo casi infinito en el planeta tierra, que casi siempre se puede conseguir gratis, que puede dar buenas sensaciones y recuerdos, y que todo el mundo ha tocado o visto. Arena. Arena hirviendo calentada en calderos al fuego.
    ¿Por qué la arena puede ser tan devastadora en este caso? ¿Imaginen mirar hacia arriba para ver dónde están situados los arqueros enemigos? Un grano de arena incandescente puede causar fácilmente graves daños en el ojo. Si llevan un traje de anillas metálicas, la arena penetrará por los huecos de las anillas. Si llevan una armadura cerrada, el calor de la arena se transferirá al metal que os protege. Lo mismo ocurre con los cascos metálicos. Todo el metal que os protege de los proyectiles enemigos hará que quemen dentro de la armadura. ¿Sabéis en cuántas películas se utiliza la arena de esta forma? Cero. Ahora sabéis cómo defender vuestra casa gratis.

  • X – Castillo – entre las murallas, frente a la puerta

    Orientación: sigan a la izquierda, rodeen la muralla por la derecha y deténganse frente a la puerta
    Ubicación: entre las murallas, frente a la puerta

    Al haber llegado hoy a este punto, tienen ante ustedes un mapa de la fortaleza, así que aprovechen para memorizarlo o fotografiarlo por si lo necesitan más adelante. Como pueden ver, habría sido mucho más sencillo tomar directamente el puente de piedra (y ahorrarse varios minutos de este audio), pero no existía. Y, al contrario de lo que parecía, en realidad no estamos dentro de la fortaleza.
    Frente a nosotros hay una enorme puerta que, en un asedio, estaría cerrada. Ahora os preguntáis: ¿Cómo destruimos esa barrera? ¿Con un ariete? Porque el ariete se quedó fuera del castillo. Recuperarlo significaría retroceder, intentar pasar el ariete entre las murallas, en el pasadizo en forma de codo y traerlo de vuelta aquí. Todo esto mientras llueven proyectiles sobre nuestras cabezas desde arriba.
    Aunque hayamos conseguido tal hazaña, recuerdense que el castillo está construido de tal manera que cada progresión se convierte en una tarea casi imposible. Fíjense bien en la torre de vuestra izquierda. Su construcción en ángulo impide el uso del ariete en posición frontal. En otras palabras, la única forma posible de utilizarlo sería en diagonal, lo que lo hace mucho menos impactante. Así que hagan uso de lo que tengan a mano: hachas, piedras, espadas, lo que haga falta hasta que consigan derrumbar la puerta bajo una lluvia de proyectiles.
    Imaginemos que por fin conseguimos destruir esta puerta. Si pensaban que ahora estarían a salvo, lo primero que ven son dos aspilleras y son recibidos por una lluvia de flechas y virotes de ballesta. Ahora levantad los escudos, poneos a cubierto y descubramos lo que nos espera a continuación.

  • XI – Castillo – entrada

    Orientación: atraviese la puerta y gire a la izquierda
    Ubicación: pare frente a la entrada

    Bienvenidos a la zona que cualquier atacante querría evitar a toda costa. Si miran a vuestro alrededor, verán un espacio hundido en medio de altas murallas. Pueden imaginar que ballesteros y arqueros harían la vida imposible a cualquiera que tuviera que defenderse en esta posición. Aquí abajo, rodeados en 360º, no tenemos dónde protegernos eficazmente. Nuestra única opción como atacantes es derribar la puerta lo más rápido posible y avanzar en el espacio.
    Podemos ver que aquí había una puerta a través de los agujeros en las paredes laterales, que habrían servido para que gruesas vigas de madera la cerraran. Al oeste, se puede ver otra abertura en la muralla, que se hizo en la época de los cuarteles del Castillo de San Jorge. Así que no existía en la época medieval. ¡Olvidemos que está ahí!
    Si a primera vista nuestra posición no es agradable, va a empeorar mucho, porque de nuevo, frente a la puerta, vemos que la muralla retrocede. ¿Cuál es el propósito de esta muralla?
    El hecho de que esta muralla sobresalga hacia la puerta significa que las armas de asedio, especialmente el ariete, vuelven a tener poco o ningún margen de maniobra.
    Aunque este suelo se colocó en un periodo mucho más reciente de la historia del castillo y, por tanto, no es el original, podemos ver que está inclinado. Algunos castillos se preocupaban no sólo de la defensa física de sus espacios, como hemos visto con la torre, sino también de la moral de los soldados.
    Si imaginamos que aún tenemos con nosotros a los 2.500 soldados que eligieron los caminos correctos, este espacio no tiene capacidad para todos al mismo tiempo. Una vez más el grupo se disgregaría, aunque esta vez no habría elección de por medio. Podemos imaginar que aquí hay 50/60 soldados y el resto estarán en los espacios anteriores. Hasta que doblen la esquina de la torre, estos soldados no pueden ver a lo que se enfrentarán muy pronto. El ángulo de 90º de la torre impide la comunicación visual entre los grupos.
    Mientras los soldados que intentan derrumbar la puerta son masacrados, el resto del ejército no puede verlo. ¿Qué creen que pasará con los cuerpos de los soldados muertos o demasiado heridos para seguir luchando? Probablemente permanecerían en este espacio hasta el final de la jornada de lucha, el suelo no es lo suficientemente inclinado como para que un cuerpo se vuelque sobre sí mismo. El problema radica en la sangre que perderían estos cuerpos y que, debido a la suave pendiente del suelo, fluiría constantemente hacia nuestros soldados que esperan detrás de la torre.
    Estos soldados olían la sangre que fluía hacia ellos y oían los gritos de sus compañeros luchando y siendo masacrados, todo ello sin conocer el origen de la situación.
    Se podría pensar que todo esto es violento y que nada de esto se aplica hoy en día. Cuando vemos una película de terror, en muchos casos lo peor de la película no es cuando se revela el monstruo o el espíritu. Es saber que hay algo en la oscuridad que no podemos identificar ni ver. La anticipación del momento puede hacer que nuestra imaginación nos juegue malas pasadas. Este espacio consigue exactamente ese efecto combinando una trampa física con una trampa psicológica.

  • XII – Castillo – primera Plaza de Armas

    Orientación: atraviese la puerta, camine recto mientras escucha y gire a la izquierda

    Por fin hemos cruzado la puerta y podemos relajarnos un poco. Tenemos más espacio para reunirnos con nuestros compañeros y una nueva oportunidad para planificar nuestro próximo movimiento. Esta sensación de seguridad es falsa. Podemos ver que, no sólo seguimos rodeados por todas partes, sino que, si nos olvidamos de la escalera de la derecha, los árboles y esa pequeña estructura de almacenamiento junto a los muros (porque nada de esto existía), no tenemos acceso alguno a la parte superior de las murallas.
    Ya hemos visto que las cuerdas y las escaleras no son una solución que garantice el éxito y, esta vez, no tenemos una opción al 50%, de hecho, no tenemos ninguna opción. Este espacio, una vez más hundido en medio de altos muros, parece no tener salida.
    En el centro de este muro, a nuestra izquierda, se puede ver que hay una torre. A diferencia de las otras torres, cuyas funciones son bien conocidas, ésta es un rompecabezas. En términos de posición defensiva, aporta poco a primera vista, pero gracias a ella se oculta la puerta a la zona más restringida del castillo. Por una vez, la única forma de avanzar no es elegir izquierda o derecha, sino seguir recto.
    Detrás de la torre podemos ver el lugar donde una vez hubo una puerta y, detrás del arco, podemos ver de nuevo agujeros en la pared para que nuevas vigas de madera sirvieran de cerraduras. Tengo una trampa más que enseñaros, y ésta puede ser peligrosa, incluso hoy en día.

  • XIII – Castillo – segunda Plaza de Armas

    Orientación: atraviese la puerta y deténgase en la segunda plaza

    Esta es la Plaza más protegida del Castillo de San Jorge. Todo lo que hemos visto y experimentado hasta ahora se ha construido para proteger este espacio en el que nos encontramos. En esta zona del castillo, los defensores podían contar con algo de agua almacenada en un aljibe. Siempre y cuando lloviera. No hay que olvidar que la época más favorable para un ataque era durante la primavera y el verano.
    Seguramente hubo una vez un silo para almacenar cereales, que podría haber sido esencial, al igual que el aljibe, si los combates se prolongaban en el tiempo.
    También podemos ver aquí la existencia de una pequeña puerta en el muro, la puerta de la traición. Esta puerta podría servir para enviar mensajeros, ataques sorpresa para el exterior, escapar en caso de necesidad o incluso, como su nombre indica, traición – para que entraran los amantes.
    Pero, volviendo a la perspectiva de los atacantes, podemos ver que seguimos teniendo murallas a nuestro alrededor. Es en este mismo espacio donde podemos ver la escalera que conduce a lo alto de la muralla. Esta escalera representa un obstáculo mayor de lo que parece. En primer lugar, podemos olvidarnos de la barandilla, que haría que la escalera fuera mucho menos segura hoy en día, por no decir ilegal. Si recordamos que la mayoría de nosotros somos diestros y, por tanto, empuñamos el arma con la mano derecha, el hecho de tener el muro a nuestra derecha significa que no tenemos espacio para luchar, lo que da otra gran ventaja al defensor. La otra es que ellos están más arriba que nosotros.
    Si estuviéramos atacando, probablemente sería la primera vez que veríamos la escalera, así que no la conoceríamos. Las escaleras de hoy en día son una cosa, con el tamaño de los escalones regulado, pero cuando se construyeron estas no había inspectores de edificios.
    Si nos fijamos en cada escalón, veremos que todos son diferentes del anterior y del posterior. No sabemos si esta asimetría era deliberada, pero dificulta la subida a los que llevan equipo de combate. Una simple escalera puede convertirse rápidamente en una pesadilla.

  • XIV – Castillo – escalera al Camino de Ronda

    Orientación: suba la escalera de la izquierda

    En lo alto de las escaleras, le sugerimos que gire a la derecha y recorra el camino de ida y vuelta hasta la Torre del Homenaje (ahora la Torre del Observatorio). Imagínese a usted mismo una vez más, recorriendo todo este camino, mientras mata oponentes y disfruta de la impresionante vista del espacio que le rodea. Mientras lo hace, seguro que un pensamiento cruza su mente. “¡Ya casi estamos! Por fin vamos a conquistar este castillo!”.

  • XV – Castillo – Camino de Ronda – Torre del Observatorio

    Orientación: siga recto, al final del pasillo gire a la izquierda y camine por el pasillo hasta la última torre
    Ubicación: frente a las escaleras de la torre del observatorio

    En cuanto llegan a la torre, se encuentran con un espectáculo. Un camino muy estrecho hasta la cima. Sólo un soldado a la vez puede cruzarlo, más aún con todo su equipo militar. Vale la pena recordar que cuando mata a un oponente, su cadáver no desaparece sin más como en los videojuegos. Tiene que trepar por él, caminar sobre su cuerpo e incluso deslizarse en su sangre y vísceras.
    Pero peor que todo esto, ahora se oyen gritos de guerra de nuestros últimos adversarios. Ahora sólo serán unos pocos; 15, 20, 25 hombres nos esperan. Pero si estos hombres siguen vivos, y están en esta torre custodiando la bandera, ¿qué clase de guerreros serán? Les aseguro que son los mejores. ¡Son “la élite”! Hombres cuyo trabajo y tarea, prácticamente desde que empezaron a caminar, ha sido sólo uno: aprender a luchar y matar. Son perfectas “máquinas de guerra”. Pero bueno, como esta explicación en algún momento tendrá que terminar, imaginaos una vez más que los hemos matado a todos y ahora estamos subiendo a la cima de la torre.

  • XVI – Torre del Observatorio

    Orientación: suba las escaleras de la torre del observatorio

    Cuando llegan arriba, buscan la bandera y ¡no la encuentran! No, no se engañaron. Hoy está en otra parte, pero en la Edad Media, Lisboa estaba justo al sur de la colina, así que la bandera podría haber estado aquí, porque en esta torre habría sido perfectamente visible. Hoy, la capital ha crecido tanto que las banderas de Portugal y Lisboa se han colocado en el lado oeste, sobre la gran zona ribereña y la parte histórica de la ciudad.
    Volvamos a nuestro objetivo. Vemos la bandera imaginaria y la sustituyen por la vuestra, enarbolándola lo más alto posible. ¿Para qué? Para que todos los hombres que aún luchan por la ciudad se den cuenta de que el Castillo ha sido conquistado. Así que os felicito, por favor poneis sonido de aplausos – ¡habéis conquistado el Castillo de San Jorge! ¿Y por qué os felicito? Porque conseguistéis hacer algo que nunca nadie hizo.

  • XVII – El Castillo fue conquistado

    En realidad, el Castillo fue conquistado, pero no de esta manera.
    En 1147, Lisboa estaba bajo dominio musulmán. En aquella época, llamada Al-Ushbuna, era una ciudad que se extendía por esta colina hasta el río Tajo, rodeada de murallas.
    Ese año, Alfonso Henriques, primer rey de Portugal, sitió la ciudad con la ayuda de los cruzados.
    Contingentes anglonormandos ocuparon la parte occidental de la ciudad, actualmente la zona del Chiado; los portugueses y francos bloquearon la parte norte, en la colina de Graça; el campamento alemán y flamenco se estacionó en la parte oriental de la ciudad, donde se construiría el monasterio de São Vicente de Fora y, por último, un contingente italiano más reducido vigilaba el río. Tras casi cuatro meses de asedio, los musulmanes, desabastecidos y sin esperanza de ayuda exterior, se rindieron a las fuerzas cristianas y a Alfonso Henriques, que entró en la ciudad el 25 de octubre de 1147 y acudió al Castillo para izar su bandera.
    Por último, no hay que pensar que un asedio es garantía de éxito. En 1384, cuando Lisboa fue sitiada durante varios meses por las tropas castellanas, los defensores de la ciudad resistieron, pero, a decir verdad, con una pequeña ayuda. Ese año hubo un brote de peste, razón por la que también se levantó el asedio.

  • XVIII – Fin de la aventura

    Hemos llegado al final de nuestra aventura. No esperamos que dentro de unos meses o años recuerden en qué año tuvo lugar la Batalla de Guadalete (711), pero cuando visiten otras fortificaciones, acuérdense de las penurias que pasaran aquí y no se olvideis nunca –
    ¡Un castillo no se construye para ser conquistado!
    Hasta siempre soldado!

© Castelo de São Jorge, todos os direitos reservados.